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martes, 20 de mayo de 2008

Los desconfiados devotos

La desconfianza no es un estado de ánimo, no es una reacción a la desdicha; es una doctrina, y existe una secta dispersa que la difunde. Esta secta consta de una gente que apuesta abiertamente por la desconfianza, como cosmología o plan de vida, una lógica venenosa contra la que poco se puede hacer, porque su fuerza radica en la decisión total de sus congregantes de vivir en la desconfianza, confiados hasta la última en que no puede haber otra forma de vida más inteligente.

Esta falacia se utiliza, entonces, para dos fines claves: 1) reducir el valor de las situaciones donde la confianza parece traer fuerza, bienestar y una resistencia sana; 2) justificar comportamientos que no se pueden justificar dentro de una ética coherente. La desconfianza doctrinal, por lo tanto, se aprovecha, como arma, de la posibilidad de utilizar los desengaños ya existentes para los demás para no entrar en ninguna responsabilidad —ni en la consciencia de la responsabilidad— por los desengaños ocasionados por la misma desconfianza como trato interpersonal.

La parte más delicada de cualquier contacto con los febriles y celosos seguidores de la desconfianza suele ser el tener que evitar, a todo coste, ponerle en evidencia al desconfiado. Este requisito resulta del hecho de que aunque sea al nivel del subconsciente, todos reconocemos que hay cierta calidad de vida deseable que sólo se peude lograr a través de relaciones de confianza. Al desconfiado devoto, por lo tanto, le conviene una paranoia habitual, y se espanta cuando se da a conocer de qué religión se confiesa realmente.

Revelar la desconfianza muchas veces es la chispa que prende fuego a cualquier trato sensato o entregado que se haya tenido con el desconfiado, reduciéndolo a cenizas, porque se encuentra a la defensiva, y se pone a luchar por la verdad eterna de su fe, con una ceguera sangrienta.

La desconfianza también se vincula íntimamente con los cambios radicales de estado de ánimo. Cualquiera puede pasar por este proceso, pero el desconfiado fiel y convencido cede a estas mutaciones casi viciosamente, porque su doctrina requiere vivir en la presión extrema de la sospecha constante y universal.

La máscara más aprovechada por el desconfiado devoto es la idea de que las cosas radicales son poco frecuentes: la verdad es que la doctrina de la desconfianza requiere un fundamentalismo tan extremo que descarta por absurdos todos los demás puntos de vista.

Ahora, el desconfiado rápidamente aprende a disimular su totalitarismo —por no querer despertar en los demás las mismas armas "defensivas" que despliega contra ellos—, encubriendo sus meditaciones en un forro de lógica y "realismo". Todo es evidente, y el mismo místico de la desconfianza dirá que tiene pruebas, por muy imprecisas o sutiles que sean. A veces te hablará de mensajeros, individuos o eventos que han señalado definitivamente que no queda otra opción que decidarse de por vida a una desconfianza misántropa y hasta misionera.

Pero el tremendo mito del que te hable con ganas y energía de su propia desconfianza autoconvencida, es que tenga algo que ver con aceptar que haya desengaño y sufrimiento en la vida. No es así, sino todo lo opuesto. La religión de la desconfianza realmente se basa en el miedo al desengaño y el rechazo perjudicado de todo aquello que tenga la posibilidad de traerlo.

Se trata de una armadura pesada y cara de llevar puesta, que enmudece los sentidos y la percepción y subasta la imaginación a las obsesiones más pueriles y pasajeros. Y eso es parte de su hechizo, que distrae al devoto de sus penas, ayudándolo a convencerse de que las incidencias y los ejemplos más triviales son de una importancia casi universal, le dejan construir un mundo hecho según esta visión enfermiza. Y ese esfuerzo perversamente "constructivo" es lo que más hay que temer en el contacto con un verdadero desconfiado devoto, porque su fundamentalismo le obliga a intentar hacerte parte de su gran engaño.

martes, 15 de abril de 2008

'The Wasteland: Burial of the Dead', by T.S. Eliot

April is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.
Winter kept us warm, covering
Earth in forgetful snow, feeding
A little life with dried tubers.
Summer surprised us, coming over the Starnbergersee
With a shower of rain; we stopped in the colonnade,
And went on in sunlight, into the Hofgarten,
And drank coffee, and talked for an hour.
Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch.
And when we were children, staying at the archduke's,
My cousin's, he took me out on a sled,
And I was frightened. He said, Marie,
Marie, hold on tight. And down we went.
In the mountains, there you feel free.
I read, much of the night, and go south in the winter.

What are the roots that clutch, what branches grow
Out of this stony rubbish? Son of man,
You cannot say, or guess, for you know only
A heap of broken images, where the sun beats,
And the dead tree gives no shelter, the cricket no relief,
And the dry stone no sound of water. Only
There is shadow under this red rock,
(Come in under the shadow of this red rock),
And I will show you something different from either
Your shadow at morning striding behind you
Or your shadow at evening rising to meet you;
I will show you fear in a handful of dust.

Frisch weht der Wind
Der Heimat zu.
Mein Irisch Kind,
Wo weilest du?

'You gave me hyacinths first a year ago;
'They called me the hyacinth girl.'
—Yet when we came back, late, from the Hyacinth garden,
Your arms full, and your hair wet, I could not
Speak, and my eyes failed, I was neither
Living nor dead, and I knew nothing,
Looking into the heart of light, the silence.
Od' und leer das Meer...

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Resort to Beauty

Flow. Halt. Normalcy. Accident. Order. Chaos. Progress. Slippage. Solution. Obstacle. Crisis. Adaptation. Instigation. Bloodshed. Education. Coping. Surviving. Intact. Dissonant. Sense. Confusion.

A morass of hope and upheaval circumscribes the human experience, the fact of living in the world, at odds with the world, in contention for a patch of sunlight amid overturned ambitions and frustrated ideals. Most severe human conflict emerges from the complexity of such contention. One method of surviving, emotionally, as an intellect, as a human being refusing to give up on humanity, is the resort to beauty.

Mountains sage and lavender in opaline mist. A ruby sun nestled in cool streams of fire, inventive fire of eventide. Small blue avian beings canting eerie recollections of abundance. Mindscape without color, crystalline and teeming with life. Sojourn away from contention, braced by natural fact. Beauty.

Beauty, though mysterious, undefinable, even variable according to subjective experience, is woven into every aspect of life and lived experience. Maybe it is the poet's province alone to take on the burden of working this through, seeing it always, being aware of the most menial, severe and terrible beauties. But the poet's work has resonance because it conjures up a latent awareness of improbable charms, hidden among the tortuous threadwork, the causeways of consciousness.

Life itself, as biological fact, is such a magnificent achievement, it lends a certain quality of beauty and wonder to everything that occurs within it. But beauty as such arises with the consciousness of it; it is a conscious condition, a state of the mind, however sensual, in which one deliberately approves of being in the world, and one's whole self resolves implicitly to continue life's exploration of the living world. And though it overtakes the mind, even steals the breath, beauty (being a conscious experience) is far from absolute. Beauty can be experienced in/as/through joy or pain, in/as/through aspiration or irony, in/as/through victory or defeat.

If one engages the self, the living fullness of one's own existence, if one confronts the tiny absurdities of dwelling within circumstance, if one filters out the jagged edges of social pressure and brings forward the unmasked rhythm of meaning that underscores and gives shape to experience, one finds that around the edges, and at the center, of virtually every body across the plane of fact is the real possibility of beauty, of a recognition that knowing that one exists is in itself the beginning of all joy and connectivity... [Complete Text]

martes, 30 de octubre de 2007

La vita è bella!


La vita è bella! es un proyecto de exposición con el fin de celebrar los detalles que hacen hasta de lo más humildemente personal o mundano un reino de fascinación y deleite. El proyecto aspira a mostrar que el aburrimiento es siempre algo mitológico más que existente, una historia conventiente o instructiva, y que hasta en las circunstancias más difíciles, el mundo humano es elástico, resistente, esperanzado y optimista de maneras muchas veces insospechadas.

CONTENIDOS/ESPERANZAS :: El contenido incluirá: grandes proyectos (historia, imaginación y futuro), logros artísticos (clásicos y actuales), obra literaria (humanismo, espíritu e innovación expresiva), señales de que la esperanza supera la crueldad, cosa que se demuestra a menudo en la política, aunque solemos fijarnos más en las tragedias y las aparentes desintegraciones del tejido humano.

JAZZ RELUMBRE :: El Jazz de los años 20, 30 y 40 luchaba con sitauciones brutales y de alto sufrimiento, y hace sonreír, es una gran innovación en la historia de la música global, y ha dejado una estructura fundamental para la cultura popular que ha venido después, dentro del cual la liberación del individuo y de las minorías se ha convertido en un requisito de primera categoría.

LA DIVERSIDAD :: Un mundo más íntimo, más conectado e integrado, trae color, invención y mayor capacidad de crear y de sentir sabor. La vida tal como se plantea en el mundo industrializado no es sólo subsistir ni laborar ni ambicionar; es mucho más un juego de luces que pretenden alcanzar algo semejante a una mejora general, un dinamismo que se halla en el fomento constante de una diversidad de elementos, ritmos, matices y estructuras.